La revolución industrial fue un periodo histórico comprendido entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en el que Gran Bretaña en primer lugar, y el resto de Europa continental después, sufren el mayor conjunto de transformaciones socio-económicas, tecnológicas y culturales en la historia de la humanidad, desde el neolítico.
La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manofactura, esto empezó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro.
En este periodo se aumenta la cantidad de productos y se disminuye el tiempo en el que estos se realizan, dando paso a la producción en serie.
Ahora bien, ¿cómo se comporta el arte ante tal drástico cambio? ¿Cómo afecta la demanda de tecnología y producción masiva a la creación artesanal de piezas únicas? ¿Cuál es la percepción colectiva hacia lo producido individualmente en comparación a fabricación en serie? Estas son algunas de las tantas preguntas que surgen ante tal transformación radical.
Personalmente, el caso artístico más curioso en esta etapa revolucionaria es el del movimiento impresionista en la pintura y su convivencia con la, aquel entonces, nueva técnica de la fotografía (desde 1839 con las primeras imágenes creadas por Daguerre hasta principios del Siglo XX). Los impresionistas siempre fueron muy peculiares en la manera de dictar sus leyes, en el sentido que existían más personas viviendo en las excepciones que en las mismas reglas, al menos en lo que respecta a la composición del color. Por ejemplo, como se había mencionado antes en el artículo Curiosidades del color negro, los pintores impresionistas no consideraban el negro como parte de su paleta cromática, ya que se debía representar los tonos oscuros a través de la combinación de colores y no con una sola tonalidad; pero curiosamente el negro era el color de composición preferido de célebres miembros de esta corriente, como Auguste Renoir (para quien el negro era “el rey de todos los colores” y Vincent Van Gogh, quien decía que el que intente suprimir el negro “no tiene nada que hacer”.
Tecnología y sedentarismo, "Cuando creí empezar a vivir, empecé a morir" (Leonardo Da Vinci)
Tecnología y sedentarismo, "Cuando creí empezar a vivir, empecé a morir" (Leonardo Da Vinci)

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